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a Camila , la más amada.
Antigua como la tierra y como ella próspera y abundante, la diosa madre va adornada de sarmientos y amapolas. Lleva palomas en las manos, y los cabellos trenzados de gavillas y semillas de cereal. La diosa de la tierra cultivada, hermana y esposa de Zeus, hace germinar las mieses. Deméter es el horno y es el pan.
Perséfone es la hija de Deméter. Bella entre las bellas, es la propia juventud de su madre, recobrada. Es la vida que se renueva. Perséfone es la Primavera.
Un día mientras la muchacha juntaba flores, el dios de los infiernos la secuestró en su carruaje de sombra. Su madre la oyó gritar. Nueve días y sus nueve noches recorrió el mundo, palmo a palmo, sin encontrar rastros de su hija. Tras buscar en las altas cumbres y en las profundidades de la mar, Deméter la que da la vida bajó al reino de los muertos con antorchas encendidas.
Sucedió entonces que los campos, abandonados de su aliento, se secaron; y donde antes fue la vida, hubo sólo tierra yerma. Comprendiendo el peligro, Zeus ordenó al Invisible que devolviera a la joven con su madre. Antes de hacerlo, el dios enamorado le puso en la lengua seis perlas de granada, como regalo nupcial.
Deméter tomó a su hija en brazos y emprendió el ascenso; a su paso, despuntaban las espigas y la hierba verde volvía a alfombrar la tierra fecundada. Pero quien probare aquellos granos jugosos y rojísimos, habría de regresar junto a su infernal esposo. Seis meses por año, Perséfone tornaría Doncella a la casa de su madre; los otros seis, reinaría Despoina del inframundo.
Desde entonces renace la vida al volver la primavera: germina la semilla desde lo profundo de la tierra, si Deméter la acuna en su regazo. Cuando Perséfone parte, su madre llora lágrimas de hielo y hiel.
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